Ingenuidad
El reloj está detenido con agujas que van rasgando el inmenso para demostrar que existen pausas maduras, ligeras, superficiales y estrechísimas.
Esta que se arrastró es ante manos críticas indescriptible.
En medio de constelaciones se estableció, buscó un refugio y consciente de su absurdo agachó la cabeza ante la verguenza del desastre.
El eje es el mismo, los compases de espera terminaron, el trato que se hizo previamente con los acordes fue efímero y totalmente banal.
Que ingenua es la desdicha, que ingenuo es el que sufre por la muerte de héroes de vitrina y por tormentas de dudas disfrazadas de enigmas existenciales, que tendidas a la luz no llevan a nada, sólo a llamar a la intranquilidad de lámparas quietas de otro planeta.
Esta ingenuidad que abraza el día, o quien sabe cuantos días, vive disuelta botando humo por la boca agrietada y ceniza, luchando por salir de su atónito estado, luchando por dejar atrás todo lo que le da el nombre para mutar en conocimientos reales y de cualquier forma evitar tropezar de nuevo con el mismo grupito de infelices piedras que se aprovechan de su fragilidad y su amabilidad para con el suelo que las reune y las enfrenta a ella.
Pobre ingenuidad, tan ingenua, tan culpable de ella misma, tan ansiosa de más pausas.


0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home