Contando...
Empiezo a contar desde cero mis mañas de cada día a ver si elimino alguna y quizás así pueda adquirir una nueva que me consiga ese marrón líquido en dos frasquitos.
Me ha cogido con contar: cuento los lunares de mis brazos, las veces que no me peiné esta semana, las bandas sonoras de cada etapa de mi vida, las fotos que he dejado de tirar, los encuentros diarios con gente que habla demasiado, las llamadas que no quiero hacer, las horas de sueño que tendré antes de acostarme, las veces que mi sobrinín me dice que me quiere, los muertos que traigo en mi corazón, las pecas de mi nariz, los lugares que me muero por ir, las palabras que no debo usar, las miradas que me declaran culpable, las veces que quiero tomarme una cerveza, aún sabiendo la cantidad de calorías que tiene; las tardes que los pies no me responden para salir a ver el sol, las carcajadas de mi papá, los rituales que hago antes de bañarme y las veces que he querido pegarle un sticker de vendido al dueño de los dos frasquitos de líquido marrón.
Contar se ha vuelto mi nuevo hobbie.


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