Welcome
Desde chiquita nunca mis papás dejaron entrar a mis amigos a mi habitación, siempre me lo encontré raro y a esta altura del juego aún no entiendo esa decisión. A falta de mis amigos, televisión o nintendo, aprendí a crear vínculos con las sombras de la pared, los colores de mis libros hasta que aprendí que en ellos habían palabras que leídas una detrás de la otra hasta entretenían.
Fui pasando de odiar mi habitación a ser mi lugar, mio. Se me fueron olvidando los tramos de madera con sus 15 mil peluches que tanto trabajo me daban despolvar, se me fue olvidando los tablazos con las puertas de mi closet, se me fue olvidando el reguero de mi hermana y su ambición por el dominio territorio-habitación, se me fue olvidando la virgencita lumínica que nunca me protegió al ir al baño a media noche... hasta que después sólo pude ver que mis barbies despolvaban a los peluches cuando los llevaban a pasear por las noches para sacarle los pies a los kens, que podía pretender que mi closet era mi baúl de tesoros y ahí enterrar mis más preciados recuerdos, que la cama de mi hermana era también mia cuando tuviera miedo, que la virgencita lumínica tenía un hoyito donde meter el dedo y hacerla volar en la oscuridad para asustar a mi abuela; y así con tantas cosas me fui dando cuenta que me enamoré de mi melocotón de 4 paredes.
Ahora que lo veo no fue tan mala la idea de mis papás, pero aún así me quedé con las ganas de que mis amigos vieran por fin mi habitación, welcome...


1 Comments:
Primer comentario. General. La verdad nunca me imaginé que escribieras tan bien. Me sorprendió gratamente leerte en la vaina y me sigue sorprendiendo conocerte. Un abrazo Yamita.
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